23 October, 2019

LA LUCHA CONTRA LA POBREZA

Es sabido que los objetivos del milenio formulados por Naciones Unidas no se van a cumplir en lo que se refiere a la lucha contra la pobreza. Ahora, en el ecuador del período establecido, aunque hay datos positivos, la verdad es que se está muy lejos de conseguir los resultados previstos. Aquí, entre nosotros, la alianza española contra la pobreza ha sacado a la calle recientemente a unos miles de personas para reclamar que los gobiernos, especialmente el nuestro, alcancen el 0.7 % del PIB para la ayuda al desarrollo. Además, se ha recordado pertinentemente que a día de hoy hay 834 millones de personas que no disfrutan del derecho humano a la alimentación y 80 millones de niños sin posibilidad de acceder al derecho a la educación.

Se trata, desde luego, de un panorama sombrío que oscurece la vida de los hombres y mujeres del planeta. Probablemente, el 0.7 % del PIB destinado a la ayuda al desarrollo sería muy importante. Sin embargo, se me antoja que la cuestión no es tanto de orden cuantitativo como cualitativo. Por más millones de euros que se faciliten para este menester, si no se garantiza que lleguen en las mejores condiciones y para proyectos concretos contrastados, hasta se puede estar financiando la corrupción que asola muchos de los países en vías de desarrollo. Por tanto, no se trata tanto de dar dinero y cauterizar la conciencia cómo de ser capaces de colaborar a la formación y educación de ciudadanos en estos países. Educación y formación que se puede realizar en el país de origen o en el país donante, o en ambos a la vez.

Ciertamente, los políticos, que son los primeros que se apuntan a estas manifestaciones en lugares destacados, no siempre comprenden el alcance de las políticas que han de promoverse en este campo. Insisto, no se trata sólo de enviar millones de dólares o de euros. Se trata, más bien, de ayudar inteligentemente a estos pueblos colaborando desde sus propias realidades a poner en marcha proyectos educativos o asistenciales inicialmente atendidos por profesionales de los países desarrollados de manera que en poco tiempo puedan ser liderados por naturales o nativos de esos países.

Periódicamente, las cifras de la situación de la alimentación en el mundo, o de la educación, golpean las conciencias de las gentes de bien. Para paliar estas gravísimas necesidades la declaración del milenio de la ONU propuso una serie de medidas para salir de tan lacerante situación. A punto de cumplirse el ecuador del período comprobamos que las cosas no van bien para muchos millones de personas mientras en nuestro globalizado y confortable mundo la solidaridad real con los que necesitan ayudas sociales, tantas veces, brilla por su ausencia. Aquí, y ahora, el ansia de poder, dinero y notoriedad impide, tatas veces, ver la realidad. El crack económico del presente así lo demuestra.

Jaime Rodríguez-Arana

Catedrático de Derecho Administrativo.

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