17 October, 2019

LA GLOBALIZACION DEL DERECHO

La crisis económica y financiera en la que estamos sumidos invita a reclamar regulación global y aplicación de los principios de transparencia, racionalidad o buena administración desde una dimensión universal. No es suficiente ya la regulación nacional o la jurisprudencia de los distintos poderes judiciales estatales en punto a los principios generales del derecho. Ha llegado el momento de responder globalmente ante una crisis que es global. Para ello es menester caer en la cuenta de que los Ordenamientos jurídicos internos de los diferentes países han de articularse con un nuevo orden jurídico global en el que los postulados del Estado de derecho brillen con luz propia.

El fracaso de Naciones Unidas como institución global debe conducir a su urgente reforma. El sistema de veto es anacrónico y expresa, además, las limitaciones de la visión unilateral. La gobernanza global, pública o privada, precisa de regulaciones basadas en principios de derecho. La eficacia y la eficiencia como parámetros absolutos han traído consigo una crisis económica de proporciones todavía desconocidas. La partitocracia reinante en muchos Estados impide una real separación de poderes. La ley ha perdido en parte su prestigio como expresión de la voluntad general para convertirse en instrumento de la lucha política. Los derechos fundamentales de la persona se ningunean, se mutilan o se lesionan en función de los intereses de cada momento. Hemos construido, mal que nos pese, un sistema político, económico y social en el que los fuertes dominan sobre los débiles porque se han olvidado los principios del derecho.

Efectivamente, los principios de derecho, que tienen validez universal, global, y que son la encarnación de la justicia, han sido desplazados por los mitos de la eficacia o de la eficiencia. Junto a ellos ha surgido una peligrosa obsesión por el dinero y el poder que ha terminado por hacer del derecho, en muchas partes del mundo, no solo Wall Street, un instrumento a su servicio. Así, de esta manera, el derecho ha sucumbido en buena parte del mundo a los encantos del poder político y del poder financiero. Los principios de buena fe, racionalidad, proporcionalidad, transparencia, hoy reclamados por buena parte de los líderes políticos, son las bases del nuevo orden jurídico global que se debe construir.

Cuando los principios de derecho están presentes en el diseño, itinerario, aplicación e interpretación de las normas jurídicas, están tienen sentido, son congruentes y se ordenan a alcanzar criterios de justicia. Los principios son, lo ha dicho el Tribunal Supremo español, el oxígeno, la atmósfera que deben respirar las normas. Por eso, la regulación global que ha de venir debe partir de estos principios para evitar que se vuelva a repetir lo que ha pasado.

Pedir regulación global, una mejor y de más calidad tarea de supervisión y control del sistema financiero universal cuando en tu país está politizada, capturada por los partidos políticos, es realmente algo incongruente e inaceptable. Mientras los partidos sigan teniendo en sus manos el control del poder judicial y de los órganos reguladores no es posible avanzar. En el mismo sentido, mientras el poder económico no se detenga en su desmedido afán por privatizar el interés público, poco podrá hacerse. Los principios de derecho, para informar el orden jurídico global, precisan de una tarea de despolitización de la vida jurídica y social y de una desmercantilización del interés general.

Esperemos que lo que tiene que venir venga anclado en principios sólidos. Si es sólo una inyección multimillonaria para paliar los problemas de los mercados, entonces en no mucho tiempo volveremos a las andadas. La oportunidad para introducir los cambios que sean menester y la necesidad de poner unos nuevos cimientos al edificio global requiere no perder de vista el Estado de derecho. Un modelo político-jurídico pensado para que el principio de legalidad, la separación de los poderes y los derechos fundamentales de la persone primen brillen con luz propia.

Tanta libertad comos sea posible y tanta intervención como sea imprescindible. He aquí una vieja fórmula que vuelve a la actualidad. Que el capitalismo radical se haya derrumbado no quiere decir que volvamos a modelos radicales de otro signo claramente opuesto. De lo que se trata probablemente es de aprender lo que significa el concepto de libertad solidaria.

Jaime Rodríguez-Arana

Catedrático de derecho administrativo.

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